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Antes de que la emergencia por COVID-19 aconteciera, la salud mental ya había sido reconocida internacionalmente como un problema social. De hecho, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Oficina Regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) crearon y publicaron el documento La carga de los trastornos mentales en la Región de las Américas, 2018 con el propósito de mejorar la evaluación de las necesidades en materia de salud mental en la región.

Si bien este esfuerzo está dirigido a Gobiernos, las organizaciones deben considerar este reporte debido a que su capital humano está hoy más expuesto que nunca a este tipo de trastornos, y es una responsabilidad conjunta entre Estado, profesionales de la salud, unidades económicas y sociedad en general, prevenir y actuar sobre los mismos.

Precisamente ese mismo año se decretó la NOM-035 en México, cuyo nombre completo es precisamente Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, Factores de riesgo psicosocial en el trabajo – Identificación, análisis y prevención, misma que entró en vigor recién el 23 de octubre de 2020 en todo el país.

De vuelta al documento de la OPS y la OMS, este presenta un panorama actual de la discapacidad debida a los Trastornos Mentales, Neurológicos, debidos al consumo de Sustancias, y el Suicidio (TMNS), que son un subgrupo de enfermedades y afecciones que son una causa importante de discapacidad y mortalidad, y suponen:
• Una tercera parte de todos los Años Perdidos por Discapacidad (APD)
• Una quinta parte de todos los Años de Vida Ajustados en función de la Discapacidad (AVAD) en la región de las Américas

Los trastornos depresivos son la principal causa de discapacidad y, cuando se considera la discapacidad junto con la mortalidad, suponen 3.4% del total de AVAD y 7.8% del total de APD.

El segundo subgrupo en importancia abarca los trastornos de ansiedad, con 2.1% y 4.9% del total de AVAD y de APD, respectivamente. La autoagresión y los trastornos por dolor (trastornos con dolor predominante y, por tanto, incapacitante) suponen, respectivamente, 1.6% de los AVAD y 4.7% de los APD.

América del Sur presenta una proporción mayor de discapacidad a causa de enfermedades mentales comunes. Comparada con otras subregiones, la de Centroamérica muestra mayores proporciones de discapacidad por trastorno bipolar y trastornos que usualmente comienzan en la infancia y adolescencia, así como también por epilepsia.

Por último, hacia el Norte, Estados Unidos y Canadá padecen cargas elevadas de discapacidad provocada por esquizofrenia y demencia, así como por las altas tasas de trastornos por consumo de opioides.

No obstante, fue hasta el inicio de la pandemia por SARS-CoV-2 que se abrió la conversación formalmente sobre la influencia de la salud mental en la experiencia del capital humano dentro de las organizaciones, marcando un camino viejo pero sin pisar por parte de los líderes, aspecto que nos deja visualizar un panorama de atraso en la implementación de estrategias que promuevan el bienestar mental.

A pesar de que nos encontramos a más de un año del inicio de la emergencia sanitaria, todavía se sigue viendo a las acciones alineadas a la salud mental como un complemento al plan de acción de las organizaciones y no como un pilar dentro de la estrategia o, mejor incluso, como su núcleo.

Hay colaboradores que aún no logran identificar cuáles han sido esas actualizaciones a las políticas o estrategias en temas de bienestar, y han surgido preguntas como: ¿por qué aún existen tan pocas medidas de prevención e intervención en temas de salud mental?; ¿cómo evitar el ausentismo y la falta de motivación provocado por un deterioro en la salud mental?; y/o ¿por qué mis colaboradores han aumentado su nivel de estrés a pesar de contar con los mismos recursos?

La salud mental del talento se puede ver afectada por múltiples sucesos que llevan al límite sus habilidades y capacidad para dar una respuesta adaptativa frente a determinadas exigencias, las cuales pueden ser causadas por:

Todas estas amenazas están estrechamente relacionadas con el incremento de las tasas de ausentismo, rotación de personal, distracción y bajo rendimiento en el trabajo.

De acuerdo con una encuesta realizada por Ginger:
• El 69% de los trabajadores afirma que se encuentran viviendo el momento más estresante de su carrera profesional
• El 91% indica que desde que trabajan en casa experimentan un estrés moderado y extremo
• El 62% menciona que pierden al menos una hora de productividad cada día debido al estrés relacionado con el COVID-19

De acuerdo con la OMS (2020), México tiene un 75% de prevalencia de estrés en las organizaciones, con visión a convertirse en la principal causa de baja laboral.

La depresión también constituye un problema importante de salud pública: de acuerdo con la UNAM (2019), de cada 100 habitantes del país, 15 sufren este padecimiento, cifra que podría aumentar debido a que algunas personas aún no han sido diagnosticadas.

Estas cifras no sólo causan un impacto importante dentro del ámbito de la salud pública, sino también económico en las organizaciones, pues de acuerdo con la Asociación Psiquiátrica Mexicana (APM) la depresión puede generar hasta 25 días de trabajo perdido al año, la angustia alcanza hasta 20 días de ausentismo laboral, mientras que el estrés postraumático en promedio causa pérdidas de alrededor de 15 días al año.

Para complementar los estudios, basándonos en otro estudio realizado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), el ausentismo laboral asociado a padecimientos psicológicos puede representar una pérdida de 23.8% en productividad para las organizaciones.

Afortunadamente son muchas las cosas que podemos hacer para cuidar la salud mental de nuestros colaboradores, aspecto que debemos tomar con compromiso, considerando que implementar estrategias concretas para promover la salud mental en nuestra organización genera un retorno sobre la inversión seis veces mayor de aquellas que no lo hacen, lo cual mejora significativamente el rendimiento laboral de los colaboradores.

Por esta razón, te presentamos a continuación cuatro procesos que no debes dejar pasar en la construcción de estrategias enfocadas en el cuidado de la salud mental de tu capital humano.

  1. Dimensiona
    Dimensionar de forma realista el impacto que ha tenido la salud mental en el bienestar general de los colaboradores es un paso fundamental en la construcción de estrategias, ¿de qué nos sirve apresurarnos en implementar acciones si no sabemos el terreno real?

    Recuerda que los grandes análisis comienzan con datos correctos. Y aunque resulte difícil de creer, el 31% de las empresas no realizan diagnósticos para alinear sus estrategias de salud y bienestar empresarial a las necesidades reales a las que se enfrenta la organización.

    Los datos, siempre sean concisos y fiables, hacen posible identificar las principales preocupaciones de cada colaborador y desarrollar una idea clara sobre los programas de intervención requeridos a corto, mediano y largo plazo en la organización empleadora.

    Apóyate de recursos para diagnosticar como:
    • La NOM-035, especialmente en su guía de referencia I, que sirve para identificar a aquellos colaboradores que requieran ser canalizados para su atención médica por Acontecimientos Traumáticos Severos (ATS) derivados de su acción laboral
    • Diversos canales de comunicación generados para acercarte a los colaboradores más vulnerables y delimitar en sesiones uno a uno estrategias para apoyarlos en sus labores específicas
    • Cuestionarios que te brinden un diagnóstico del bienestar actual de la organización, de las áreas y/o puestos de trabajo que te permitan tomar decisiones rápidas y certeras.

Toma en cuenta que no existe un enfoque universal a la hora de realizar diagnósticos sobre bienestar laboral, pero es importante incluir datos tanto cualitativos como cuantitativos que te permitan tener un panorama más amplio de la situación que viven tus colaboradores a fin de tomar decisiones rápidas y certeras.

  1. Actualiza
    Tan pronto tengamos los resultados de nuestros diagnósticos, deberemos actualizar todas las políticas y protocolos en temas de bienestar, así como fortalecer las estrategias, incorporando todo la retroalimentación que nos hayan compartido nuestros colaboradores. Esto potencializará el impacto que puedan tener las acciones.

    Estos datos del Harvard Business Review (HBR) nos indican estos beneficios en las organizaciones con altos niveles de bienestar:
    • Incrementan la productividad en un 31%
    • Disminuyen la rotación hasta un 51%
    • Avanzan en temas de innovación en un 300%

De ahí la importancia de dar seguimiento a las estrategias y mantener actualizados nuestros programas, evitando caer en la idea de que el plan funcionará eternamente, a pesar de que nos transformamos continuamente.

Algunos de los documentos que deben pueden actualizarse son:
• Políticas de beneficios: incorporando la telemedicina o los apoyos en sesiones terapéuticas
• Políticas de bienestar: difundiendo material que apoye a los colaboradores a cuidar su salud mental
• Políticas de discriminación: asegurando que cada colaborador sea más empático y se denuncien acciones que vayan en contra de un entorno positivo de trabajo
• Perfiles de puesto: equilibrando las cargas de trabajo a fin de evitar el estrés laboral

Es importante tomar en cuenta que dentro de las actualizaciones no dejemos a ninguna persona fuera, que debemos crear políticas que contemplen desde puestos operativos hasta gerenciales o directivos, desde baby boomers hasta centennialls, desde colaboradores nuevos hasta los que tengan mayor antigüedad.

  1. Implementa
    Ten en mente que hacer un diagnóstico no es suficiente, debemos poner manos a la obra, accionar y dar seguimiento a cada estrategia que implementemos.

    No obstante, sabemos que es imposible implementar un plan en un día, así que debemos priorizar las iniciativas de bienestar que den pie a la organización para adoptar un modelo de salud mental afín a la cultura, apoyando a nuestro talento a hacer frente a cualquier situación y volverse resilientes. Los empleados con altos niveles de bienestar tienen un 45% más de probabilidad de adaptarse al cambio.

    Algunas de las cosas que puedes contemplar implementar dentro de tu centro de trabajo son:
    • Sensibilizar a los colaboradores sobre la importancia del cuidado de la salud mental a través de campañas o difusión de información
    • Ser flexible ante las necesidades de cada colaborador, teniendo en cuenta que todos nos encontramos en contextos diferentes
    • Combatir el estigma y fomentar la discusión abierta sobre la salud mental en el trabajo
    • Reconocer los síntomas que otros colaboradores están viviendo a fin de mantenerse siempre abierto a apoyar
    • Fomentar competencias como inteligencia emocional, adaptación al cambio y resiliencia

  2. Hacia una cultura de salud
    Algo que es importante tomar en cuenta es que la innovación no es siempre disruptiva, podemos reinventar nuestras organizaciones haciendo pequeñas pero impactantes acciones que nos permitan transformarnos y adoptar una cultura de mejora continua.

    Siguiendo a la OMS, por cada dólar invertido en estrategias de prevención se obtiene un retorno de cuatro dólares, además de aumentar la satisfacción del empleado y mejorar el employer branding.

    Para ello es importante reconocer que la innovación no está basada en la comprensión total de lo que va a pasar, sino en cómo podemos adelantarnos a lo que va a acontecer.

    Por ello te recomendamos:
    • Mantenerte abierto a los cambios del entorno e identificar las necesidades actuales para solventarlas con visión hacia el futuro
    • Crear comités de innovación con un enfoque de experimentación
    • Fomentar una cultura de aprendizaje, destinando un espacio donde todos puedan expresar sus conocimientos y potencializar sus habilidades

Los datos de la OPS permiten reconocer la correlación entre la respuesta del sistema de salud al reto de las enfermedades mentales y los ingresos nacionales.

Los países de ingresos mayores gastan en los servicios de salud mental una proporción superior de sus presupuestos de salud, y parecen asignar sus gastos de forma más eficiente, alejándose de los hospitales neuropsiquiátricos y tomando como base la integración de la salud mental en la atención primaria y los recursos comunitarios.

Por el contrario, los entornos de ingresos menores parecen agravar su falta de recursos al asignarlos a hospitales neuropsiquiátricos especializados en lugar de financiar servicios comunitarios de salud mental.

Así también, diferentes estudios de tendencias de Capital Humano han demostrado que las organizaciones que implementan estrategias del cuidado de la salud mental destacan en el mercado, debido a que los colaboradores logran generar un vínculo positivo al encontrar seguridad y comodidad en su trabajo; de aquí la importancia de cuidar continuamente al talento, a través de la creación de la cultura del bienestar.

Estamos atravesando una situación difícil, pero como cualquier adversidad nos encontramos con oportunidades de evolucionar. El desarrollo de estrategias enfocadas al cuidado de la salud en las organizaciones nos permitirá enfrentar cualquier adversidad con más herramientas, recursos y sobre todo agilidad emocional, mejorando como personas, como líderes y como organizaciones.

Y para avanzar sobre esta adversidad de la que hemos hablado hoy, esta el kit que hemos preparado para ayudarte con todos lo puntos que necesitas conocer sobre la NOM-035.

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